Descenso del Cabriel (11/02/07)

 

Aprovechando las buenas nuevas del agua que nos está lloviendo, este fin de semana hicimos una escapadita al Cabriel. Fuimos Fernando, Chevi, Juan Porto y servidora (Marian). El domingo por la mañana quedamos con Javi (Valencia) hacia las 11:30 en el desembarque, y desde allí comenzamos juntos nuestro viaje en neopreno.

 

Comenzamos la salida ligeramente volcados, pues a Chevi le falló el ángulo de inclinación, en un intento de ayudar a Fernando a entrar en el río, y tuvo que empezar directamente con un apoyo que fue casi un esquimotaje.

 

Risas aparte, el río iba algo justito de agua, así que Juan y Javi acabarían cicladísimos después de remárselo entero con su piragüita de creek. Pero merecía la pena el descenso por el paisaje, especialmente en la segunda mitad del recorrido, donde se apreciaba el color rojizo de las areniscas.

 

A destacar:

 

En unos rápidos hay unas ramas muy guarras a la izquierda. A Fernando y Javi les quitó la pala de las manos. Yo vi la cosa muy fea y decidí que prefería cogerme al cuello de Chevi a caer sobre el barco de Fernando que intentaba esquimotar con las manos.

 

Durante el trayecto encontramos un tronco cortado que ocupaba todo el ancho del río, de modo que nos obligó a salir del barco para pasar al otro lado y continuar el descenso. A Chevi le pilló un poco despistado y se tuvo que echar una carrerita sobre las aguas como San Pedro para recuperar la piragua que quería emanciparse.

 

Yo me hice unos largos a nado en el Salto de Eva, pero después estuvimos jugando un rato en la cortina de agua que se formaba y lo pasamos tetilla.

 

Para acabar bien la jornada, estuvimos comiendo en La Muralla, de Cañete. ¡Qué gran momento gastronómico! Lo mejor de todo, los postres.

 

Y esto es todo, amigos. ¡A remar!

Nos vemos en el Reino de las Luinas.